sábado, 18 de abril de 2009

esperando turno

El hotel de Lanzartoe tenía un spa con un estupendo servicio de masajes y saunas.
Tú esperabas en la terraza del spa tu turno para el último servicio del pack.
Un chico esperaba a que su novia (que iba justo pro delante de tí) terminara la sesión en la misma terraza. Sería extranjero, porque leí una novela en alemán.
Tú, relajada y desinhibida, le mirabas y pensabas que estaba muy bueno. De pronto te diste cuenta que él disimuladamante pasaba su mirada por encima del libro par mirarte las piernas...


Te hizo gracia y te sentiste halagada... a su novia la habías visto desnuda en los masajes y las duchas y estaba buenísima, como una modelo, así que te halagó que ese chico sintiera curiosidad por tu cuerpo... seguramente sabía que bajo la toalla no llevabas nada... y quería comprobarlo.
Se lo pusiste fácil: descaradamente te abriste de piernas para él y le mostraste tu sexo. Le mirabas a la cara y él te miraba intermitentemente al sexo y a los ojos, pero mantenía el libro como para disimular si alguien llegaba. La terraza era privada del spa y no había nadie más. La tensión sexual se sentía y era cada vez más acusada.

Entonces salió su novia a la terraza toda alegra y relajada tras el tratamiento, entendiste que le dijo que se vestía y que ya salía, y le pidió a su novio que le esperara pagando. Ella te sonrió como saludando y tu le sonreiste como saludando. Pero en ningún momento cerraste tus piernas, desde donde estaba ella nada podía sospecharse. Ella se retiró a los vestuarios. Y a tí te llamaron para tu turno. Él se levató. Tú esperaste sentada como regalándole los últimos segundos de visión... al pasar a tu lado una mano se coló por tu rodilla y fue acariciando tu muslo hasta encontrase con tu sexo un tanto húmedo. Se agachó para darte un piquito en los labios mientras sus dedos aún tocaban tus carnoso sexo. Duró un segundo o dos, él se fue... desde la puerta de la terraza te miró y se metió los dedos con el sabor de tu sexo en la boca como despidiéndose. El gesto te hizo gracia y te excitó.

Saliste corriendo a los baños para hacerte unos dedos a su salud. En dos minutos te habías corrido mordiendo la toalla para no hacer tuido... saliste y seguiste tu tratamiento doblemente relajada...

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