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Te presentaste a mí suave, bella y delicada. Al poco mostraste tu otro ser, zorrita, imaginativa y sin tabús para disfrutar de tu cuerpo, sin por ello dejar de ser elegante, de ser tú. Me gustas así: delicacadamente atenea y deliciosamente putita a un tiempo. Este blog es mi homenaje.

Te vestiste rápido y saliste corriendo. él te llevó en su moto al lugar de la entrevista y en la puerta te besó descaradamente...
A la vuelta me dijiste que la entrevista te salió muy bien: estabas relajada y bien follada y eso te vino bien. Te dieron el trabajo y volviste a aquella ciudad por dos meses, pero no volviste a ver a aquel chico. Una tarde en que estabas cachonda pasaste por su apartamento y tocaste el timbre, pero no estaba... perdió su oportunidad.


Ese día en la playa de Almeria te sentías orgullosa de tu culito y de tu ano... y querías presumir y que el mundo lo supiera...
De camino al hotel me contaste lo cachonda que te había puesto mostrar tu ano. Al llegar a nuestra habitación te subiste el vestidito corto de algodón (no te habías puesto nada por debajo para el paseo entre la playa y el hotel) y tumbada boca a bajo sobre la cama me pediste que te la metiera por el culito. Entró suave, como el cuchillo en la mantequilla templada...
Pero él se avalanzó sobre tu carita y le dabas piquitos con la boquita cerrada mientras se corría encima.

Luego cambiasteis de tercio y fue Carlos quien te enculó mientras tu novio te follaba...
tu estabas alucinando de cómo estabas a cuatro pata dejando que un tío al que casi no conocías te diera por culito mientras se la chupabas a tu novio... pero estabas tan excitada con tu sexo y tu culo abiertos para ellos que te dejabas hacer lo que quisieran...
Carlos aprocvechaba y no dejaba de follarte por el sexo y por el culito... mientras tu novio disfrutaba de tu boca..




Te hizo gracia y te sentiste halagada... a su novia la habías visto desnuda en los masajes y las duchas y estaba buenísima, como una modelo, así que te halagó que ese chico sintiera curiosidad por tu cuerpo... seguramente sabía que bajo la toalla no llevabas nada... y quería comprobarlo.
Se lo pusiste fácil: descaradamente te abriste de piernas para él y le mostraste tu sexo. Le mirabas a la cara y él te miraba intermitentemente al sexo y a los ojos, pero mantenía el libro como para disimular si alguien llegaba. La terraza era privada del spa y no había nadie más. La tensión sexual se sentía y era cada vez más acusada.
Entonces salió su novia a la terraza toda alegra y relajada tras el tratamiento, entendiste que le dijo que se vestía y que ya salía, y le pidió a su novio que le esperara pagando. Ella te sonrió como saludando y tu le sonreiste como saludando. Pero en ningún momento cerraste tus piernas, desde donde estaba ella nada podía sospecharse. Ella se retiró a los vestuarios. Y a tí te llamaron para tu turno. Él se levató. Tú esperaste sentada como regalándole los últimos segundos de visión... al pasar a tu lado una mano se coló por tu rodilla y fue acariciando tu muslo hasta encontrase con tu sexo un tanto húmedo. Se agachó para darte un piquito en los labios mientras sus dedos aún tocaban tus carnoso sexo. Duró un segundo o dos, él se fue... desde la puerta de la terraza te miró y se metió los dedos con el sabor de tu sexo en la boca como despidiéndose. El gesto te hizo gracia y te excitó.
Saliste corriendo a los baños para hacerte unos dedos a su salud. En dos minutos te habías corrido mordiendo la toalla para no hacer tuido... saliste y seguiste tu tratamiento doblemente relajada...
